Cómo funciona el riñón, explicado claro
- Abraham López Venegas
- 10 mar
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 23 mar
Si alguna vez ha tenido dolor tipo cólico, sangre en la orina, infecciones urinarias repetidas o cambios al orinar, entender cómo funciona el riñón deja de ser una curiosidad y se vuelve algo muy práctico. El riñón no solo “hace orina”. Filtra la sangre, regula agua y sales, participa en la presión arterial y ayuda a mantener estable todo el organismo.
Cuando falla, el problema no siempre da señales tempranas. Y cuando sí las da, muchas veces se confunden con molestias “normales” o se atribuyen solo a la edad. Por eso conviene explicar el proceso de forma sencilla y útil.

Cómo funciona el riñón y por qué es tan importante
Los riñones son dos órganos con forma de frijol, situados en la parte posterior del abdomen, uno a cada lado de la columna. Su trabajo principal es filtrar la sangre de manera continua. Cada día reciben una gran cantidad de flujo sanguíneo y separan lo que el cuerpo necesita conservar de lo que debe eliminar.
Dicho de forma simple, actúan como una planta de tratamiento de alta precisión. Retienen agua, sodio, potasio, calcio y otras sustancias en la cantidad adecuada, y expulsan por la orina productos de desecho como urea, creatinina y toxinas. Si este equilibrio se altera, el cuerpo lo resiente rápido.
Además, los riñones no trabajan aislados. Están conectados con los uréteres, la vejiga y la uretra. La orina que producen baja por los uréteres, se almacena en la vejiga y luego sale al exterior. Por eso, algunos síntomas urinarios pueden originarse en el riñón y otros en la vejiga, la próstata o las vías urinarias bajas. En hombres, esta diferencia importa mucho porque un chorro débil o el vaciado incompleto no siempre significan un problema renal. Si quiere entender mejor esa parte, puede leer también sobre vaciado incompleto de vejiga: qué lo causa.
El filtro del riñón: qué pasa con la sangre
La unidad funcional del riñón es la nefrona. Cada riñón tiene alrededor de un millón. En cada nefrona hay un pequeño filtro llamado glomérulo, donde comienza el proceso.
La sangre entra al glomérulo a presión y allí se filtra una parte del plasma. Pero filtrar no significa perderlo todo. Después de esa primera separación, el riñón reabsorbe gran parte del agua y de las sustancias útiles en los túbulos renales. Lo que el cuerpo necesita regresa a la circulación; lo que sobra o hace daño se elimina.
Ese ajuste fino es lo que vuelve tan inteligente al riñón. No produce la misma orina todo el tiempo. Si usted tomó poca agua, el riñón concentra la orina para ahorrar líquidos. Si bebió mucho, elimina más agua. Si hay cambios en sales minerales o en el equilibrio ácido-base, también responde.
Por eso el color, el volumen y la frecuencia urinaria pueden variar. No todo cambio significa enfermedad. La clave está en el contexto: dolor, fiebre, ardor, sangre, hinchazón o alteraciones persistentes sí merecen valoración.
Qué funciones tiene además de producir orina
Pensar que el riñón solo sirve para “limpiar” la sangre es quedarse corto. También produce y regula sustancias muy importantes.
Participa en el control de la presión arterial mediante sistemas hormonales que ajustan la cantidad de sodio, agua y el tono de los vasos sanguíneos. Ayuda a activar la vitamina D, necesaria para la salud ósea. Y produce eritropoyetina, una hormona que estimula la fabricación de glóbulos rojos. Por eso algunas personas con enfermedad renal desarrollan anemia, cansancio o debilidad.
También mantiene el equilibrio de minerales como potasio, fósforo y sodio. Este punto no es menor. Alteraciones importantes en el potasio, por ejemplo, pueden afectar el ritmo del corazón.
Cómo se forma la orina paso a paso
Entender la formación de orina ayuda a identificar dónde puede aparecer un problema. Primero, el glomérulo filtra. Después, los túbulos renales reabsorben agua y sustancias útiles. Finalmente, el riñón secreta otras moléculas hacia el túbulo para eliminarlas.
El resultado final es la orina, que pasa a la pelvis renal. Desde ahí viaja por los uréteres hacia la vejiga. Si en ese trayecto aparece una obstrucción, como un cálculo, la orina no fluye bien y la presión se acumula hacia atrás. Eso puede producir dolor intenso y, si no se resuelve, dañar la función renal.
Aquí aparece una de las consultas urológicas más frecuentes: los cálculos renales. Una piedra pequeña puede salir sola, pero no siempre ocurre. Todo depende del tamaño, la ubicación, el dolor, si hay infección asociada y si el riñón está drenando bien. Cuando se requiere tratamiento, hoy existen opciones endoscópicas y láser que permiten resolver muchos casos sin incisiones. Si quiere revisar cuándo conviene operar, este artículo sobre cirugía de cálculos renales: cuándo y cuál elegir puede orientarle.
Qué puede dañar al riñón
El riñón puede afectarse por causas médicas, metabólicas, infecciosas u obstructivas. No todo daño renal empieza “en el riñón” como tal. A veces el problema es que la orina no puede salir bien.
La diabetes y la hipertensión son causas muy conocidas de daño renal crónico. Pero en urología vemos con frecuencia otras situaciones relevantes: cálculos urinarios, infecciones complicadas, obstrucción por crecimiento prostático, tumores de la vía urinaria y algunas malformaciones.
En hombres de mediana edad y mayores, una próstata agrandada puede dificultar la salida de la orina. Al principio causa síntomas molestos como chorro débil, goteo, urgencia o levantarse varias veces en la noche. En casos más avanzados, puede generar retención urinaria, infecciones, sangrado e incluso afectar al riñón por presión retrógrada. Por eso no conviene normalizar estos síntomas ni esperar demasiado. Si este es su caso, le puede ayudar leer tratamiento de próstata: opciones y qué esperar.
También hay daño renal agudo, que aparece en horas o días. Puede ocurrir por deshidratación severa, infección, obstrucción súbita, algunos medicamentos o caída brusca de la presión arterial. En estos casos, el tiempo sí cambia el pronóstico.
Síntomas de alarma que no conviene ignorar
No todos los problemas renales duelen. Ese es uno de los motivos por los que algunas enfermedades avanzan sin diagnóstico temprano. Aun así, hay señales que merecen atención médica.
La sangre en la orina, aunque aparezca una sola vez, debe estudiarse. El dolor intenso en la espalda baja o en un costado, sobre todo si va y viene en oleadas, hace pensar en un cálculo. La fiebre con dolor urinario puede indicar una infección seria. La hinchazón de piernas o párpados, la disminución notable en la cantidad de orina, la fatiga marcada y la presión alta difícil de controlar también pueden relacionarse con el riñón.
Hay síntomas que se parecen entre sí y por eso pueden confundir. Por ejemplo, orinar muchas veces en la noche puede deberse a próstata, vejiga o hábitos de consumo de líquidos, y no necesariamente a un problema renal directo. Por eso la valoración debe ser clínica, no basada en suposiciones.
Cómo se revisa si el riñón está funcionando bien
La evaluación empieza con una historia clínica bien hecha. Los síntomas, el tiempo de evolución, antecedentes de diabetes, hipertensión, cálculos, infecciones o cirugías previas orientan mucho. Después vienen los estudios.
Los más habituales son análisis de sangre para medir creatinina y estimar la función renal, examen general de orina y estudios de imagen como ultrasonido o tomografía, según el caso. Si hay sospecha de obstrucción, infección complicada o cálculo, la imagen suele ser decisiva.
En consulta urológica también es fundamental distinguir si el problema está en el riñón, en el trayecto de la orina o en la salida vesical. Esa diferencia cambia el tratamiento y el tiempo de respuesta.
Lo que sí puede hacer para cuidar sus riñones
La prevención no depende de una sola acción. Beber agua suficiente ayuda, aunque no existe una cantidad universal para todos. Depende del clima, actividad física, enfermedades asociadas y antecedentes de cálculos. Controlar la presión arterial y la glucosa es básico. Evitar automedicarse con ciertos analgésicos de forma crónica también reduce riesgo.
Si ya tuvo piedras, no basta con “tomar más agua” y esperar. Conviene investigar por qué se formaron, porque no todos los cálculos tienen la misma causa ni se previenen igual. Y si presenta síntomas urinarios persistentes, especialmente siendo hombre mayor de 50 años, no dé por hecho que “es la edad”. A veces detrás hay una obstrucción tratable que, atendida a tiempo, evita complicaciones mayores.
Cuándo acudir con el urólogo
Si hay dolor tipo cólico, sangre en la orina, infecciones urinarias repetidas, retención, fiebre o síntomas urinarios que empeoran, la valoración urológica no debería posponerse. El riñón tolera mal ciertos retrasos, sobre todo cuando hay obstrucción o infección.
En UM Grupo Médico, el enfoque se centra en diagnosticar con claridad, explicar opciones reales y, cuando hace falta intervenir, hacerlo con técnicas mínimamente invasivas que buscan menos dolor y recuperación más rápida. Eso aplica de forma especial en cálculos urinarios y en problemas obstructivos de la vía urinaria.
Entender cómo funciona el riñón sirve para tomar mejores decisiones antes de que aparezca una urgencia. Si tiene síntomas, estudios alterados o dudas sobre si su problema puede afectar al riñón, lo más útil es revisarlo a tiempo con un urólogo y resolverlo con un plan claro
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Pórtense mal y cuídense bien! Saludos
Dr. Abraham López Venegas
Cirujano Urólogo
CEO UMGM.






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