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¿Qué pasa si te quitan la próstata?

  • Foto del escritor: Abraham López Venegas
    Abraham López Venegas
  • hace 15 horas
  • 8 min de lectura

Ilustración médica: cirugía robótica de próstata, paciente en camilla, láser y pastillas; monitor con ecografía en sala azul.

Recibir la noticia de que deben operarte genera muchas dudas, especialmente si te preguntas qué pasa si te quitan la próstata. Imagina que esta glándula es como un "guardia de tráfico". Está situada en el cuello de la vejiga, el punto exacto donde la orina entra a la uretra. Retirar este pequeño órgano cambia por completo cómo tu cuerpo dirige ese tráfico diario. Sin embargo, conocer tu nueva anatomía es el primer paso vital para perderle el miedo a la intervención.

Existe una gran diferencia médica entre "rasurar" la próstata y extraerla por completo. Según los registros clínicos de urología, un procedimiento menor llamado resección transuretral (o TURP) simplemente limpia el tejido interno bloqueado. Es como barrer un túnel estrecho para mejorar el flujo. Por el contrario, una prostatectomía radical implica retirar la glándula entera junto con los tejidos cercanos. Tu recuperación será muy distinta cuando este túnel original desaparece, ya que requiere una adaptación corporal mayor.

Los cirujanos realizan una reubicación muy precisa al retirar este guardia de tráfico. Una vez extraída la glándula, el equipo médico reconecta la base de la vejiga directamente a la uretra. Esta nueva conexión anatómica crea un camino directo para la salida de la orina. Muchas de las consecuencias de la prostatectomía radical provienen de este ajuste físico. A partir de ahora, los músculos de tu suelo pélvico deberán aprender a retener los líquidos por sí solos sin aquella válvula de apoyo.

Tu camino hacia la curación real arranca en las primeras cuarenta y ocho horas tras salir del quirófano. Durante tus primeros uno o dos días ingresado en el hospital, estarás bajo un cuidado médico constante. Llevarás puesta una pequeña sonda, un tubo flexible diseñado para vaciar tu vejiga automáticamente. Esta herramienta temporal protege la nueva unión urinaria mientras comienza a sanar internamente. Aceptar esta incomodidad pasajera te permite establecer expectativas claras y concentrarte plenamente en descansar.


Cómo recuperar el control urinario mediante el entrenamiento del suelo pélvico

Retomar tu vida diaria después de que te retiren la sonda puede generar cierta frustración al notar que la orina no se retiene como antes. Piensa en tu vejiga como un tanque de agua y en tu uretra (el conducto de salida) como una tubería. Antes, la próstata ayudaba a mantener el grifo firmemente cerrado. Al ya no estar esta glándula, ese importante trabajo mecánico recae completamente en los músculos del suelo pélvico, una red muscular interna que sostiene tus órganos desde abajo, como si fuera una hamaca. Cuando esta hamaca está débil por la falta de uso, el grifo sencillamente gotea.

Esa pérdida involuntaria de orina tiene un nombre médico formal: incontinencia de esfuerzo. Lejos de ser un fallo permanente de tu cuerpo, es una reacción física muy predecible ante el aumento de presión en el abdomen. En la práctica, suele presentarse en tres situaciones cotidianas muy específicas: al toser con fuerza, al soltar una carcajada repentina o al levantar un objeto pesado, como una bolsa del supermercado. Durante las primeras semanas de recuperación, el tiempo de cicatrización interna tras extirpar la glándula sigue su curso natural, por lo que los tejidos aún están inflamados y estos pequeños escapes son una parte normal del proceso.

La buena noticia es que puedes entrenar este "nuevo grifo" desde tu hogar, y los ejercicios de Kegel para hombres después de la cirugía son tu mejor aliado para lograrlo. Sin embargo, el primer gran reto es encontrar los músculos correctos, ya que, a diferencia de los bíceps, no puedes verlos frente a un espejo. Para identificarlos con precisión, intenta detener el flujo de orina a la mitad la próxima vez que vayas al baño (una práctica conocida como la técnica de "stop-flow"). Esa leve contracción interna que sientes en la base de la pelvis es exactamente el movimiento que necesitas dominar. Los urólogos recomiendan usar este truco de detener la orina solo una o dos veces para ubicar la zona, nunca como un ejercicio diario continuo.

Una vez que reconozcas esa sensación física, el éxito en tu recuperación de la incontinencia urinaria tras la operación dependerá de tu constancia con un plan de entrenamiento diario en "seco" (fuera del baño). Para crear tu rutina en casa de manera segura, sigue estos tres pasos fundamentales:

  • Identifica y relaja: Acuéstate boca arriba de forma cómoda, respira profundamente y asegúrate de no apretar el estómago, los muslos ni los glúteos.

  • Eleva: Contrae esos músculos del suelo pélvico como si estuvieras intentando retener gases y detener la orina al mismo tiempo, sintiendo cómo la base de tu pelvis se levanta ligeramente hacia tu ombligo.

  • Mantén y suelta: Sostén la tensión muscular durante 3 a 5 segundos sin aguantar la respiración, y luego relaja completamente por otros 5 segundos; repite este ciclo 10 veces en la mañana, en la tarde y en la noche.

Conocer el cronograma real de esta mejoría te ayudará a no desesperarte mientras usas protectores o pañales urológicos. La mayoría de los hombres notan avances muy significativos entre el tercer y el sexto mes, pasando de fugas constantes a apenas unas ligeras gotas ocasionales al hacer un gran esfuerzo. Con paciencia y disciplina diaria, el control de tu cuerpo volverá a ser tuyo, permitiéndote ganar la confianza necesaria para enfocar tus energías en el siguiente paso de tu rehabilitación íntima.


¿Qué pasa si te quitan la próstata? Estrategias reales para superar la disfunción eréctil tras la operación

Afrontar los cambios en la intimidad suele ser una de las mayores preocupaciones tras la extirpación de la glándula. La explicación a cómo afecta la cirugía de próstata a la función sexual reside directamente en los nervios. Imagina que los nervios encargados de enviar la señal para lograr una erección son como cables eléctricos muy finos que corren pegados a la pared de la próstata. Al retirar esa "pared", el cirujano debe manipular la zona con extremo cuidado. Aunque estos nervios controlan el flujo de sangre hacia el pene, el trauma físico de la cirugía interrumpe temporalmente esta comunicación vital, dejando el sistema apagado de forma transitoria.

Para proteger este delicado cableado, los médicos utilizan una técnica especializada llamada preservación de haces neurovasculares. Sin embargo, incluso cuando la operación es un éxito y los nervios se salvan intactos, terminan "aturdidos" o inflamados por el simple hecho de haber sido manipulados. Este estado de shock temporal significa que las erecciones espontáneas no regresarán de la noche a la mañana. La evidencia médica muestra que estos nervios sanan muy lentamente, milímetro a milímetro, lo que establece una ventana de recuperación real que suele durar entre 6 y 18 meses. Durante todo este tiempo, la paciencia será tan importante como cualquier medicamento.

Mientras ese sistema eléctrico se "reinicia", el miembro masculino necesita seguir recibiendo sangre oxigenada regularmente para mantener sus tejidos sanos y elásticos. Aquí es donde entra en juego la rehabilitación peneana, un programa preventivo diseñado para estimular erecciones artificiales mucho antes de que regresen las naturales. Funciona como fisioterapia para tu zona íntima: si un músculo no se usa, se atrofia. Al forzar suavemente el flujo sanguíneo hacia los tejidos mediante tratamientos médicos desde las primeras semanas, evitas que el pene pierda tamaño o flexibilidad, preparando el terreno para cuando los nervios vuelvan a funcionar por sí solos.

El pilar fundamental de esta fisioterapia íntima suelen ser las pastillas recetadas por tu urólogo. Al hablar de la dosis de sildenafilo en la disfunción después de una prostatectomía radical, los especialistas frecuentemente recomiendan comenzar con 50 mg o 100 mg, tomados con el estómago vacío aproximadamente una hora antes de cualquier intento de actividad sexual. Estas pastillas no son píldoras mágicas; requieren de un estímulo previo para funcionar y, durante los primeros meses, es posible que el efecto sea mínimo porque los nervios aún están muy inflamados. No obstante, tomarlas según las indicaciones de tu médico ayuda a "despertar" el riego sanguíneo de manera continua.

Dado que las pastillas pueden tardar meses en generar firmeza por sí solas, un plan integral de tratamiento para la disfunción eréctil postoperatoria suele incluir otras herramientas mecánicas o médicas para garantizar la oxigenación del tejido. Tu especialista podría recomendarte progresar a través de las siguientes opciones según tu evolución:

  • Medicamentos orales (como el Sildenafilo): Fáciles de usar y excelentes para promover el flujo sanguíneo de fondo, aunque al principio dependen estrictamente del lento proceso de sanación nerviosa para lograr una rigidez completa.

  • Bombas de vacío: Un cilindro externo de plástico que utiliza una succión suave para llevar sangre al pene de forma mecánica. Resulta altamente efectivo para mantener la elasticidad del tejido de manera segura, inmediata y sin necesidad de fármacos.

  • Inyecciones intracavernosas: Un medicamento que te aplicas directamente en la base del miembro con una aguja minúscula, similar a la de insulina. Produce una erección firme en pocos minutos sin depender de los nervios aturdidos, siendo la opción más confiable y usada por los pacientes en su primer año.

Redescubrir la intimidad en pareja exigirá comunicación abierta y la disposición compartida de adaptarse a este nuevo ritmo corporal. El afecto y la conexión no dependen exclusivamente de una erección perfecta; cada pequeño avance en tus ejercicios o tratamientos es un paso sólido en la dirección correcta.


La verdad sobre el placer y la fertilidad: Orgasmos secos y planificación familiar

Enfrentar los cambios en la intimidad genera una duda muy común de la que poco se habla en el consultorio: ¿qué ocurre con el clímax? El placer sexual y la liberación de fluidos son procesos biológicos completamente distintos. Durante la cirugía, se extirpan la próstata y las vesículas seminales, que funcionan como las "fábricas" encargadas de producir la mayor parte del líquido seminal. Al no estar presentes, experimentarás lo que se conoce como un orgasmo seco tras la eliminación prostática.

Esto significa que seguirás sintiendo el clímax y todas las contracciones placenteras de siempre, pero no habrá salida de semen. A diferencia del orgasmo retrógrado —donde el líquido se va hacia la vejiga en lugar de salir, algo habitual en cirugías de próstata benigna—, aquí simplemente ya no hay producción de líquido. Esto transforma la experiencia física de manera visual, pero no apaga tu capacidad de sentir placer.

Esta nueva realidad requiere tiempo, adaptación y mucha paciencia compartida. El impacto psicológico de la cirugía urológica puede hacer que los primeros encuentros se sientan extraños o "incompletos" al faltar el final visual al que estabas acostumbrado. Sin embargo, la gran mayoría de los hombres descubren que, una vez superada la sorpresa mental inicial, la intimidad puede ser igual de satisfactoria. La clave de esta transición es la comunicación abierta; hablar sobre cómo se sienten ambos frente a la falta de eyaculación reduce enormemente la ansiedad de desempeño.

Naturalmente, al desaparecer la eyaculación, surge de inmediato una inquietud lógica para los hombres que planeaban expandir su familia: ¿se puede tener hijos sin próstata? La respuesta directa es sí, pero exige una planificación estricta antes de entrar al quirófano. Como los espermatozoides (que se siguen produciendo en los testículos) ya no tienen líquido ni conductos para salir de tu cuerpo, la fertilidad natural desaparece. Si la paternidad es una meta, debes recurrir a la criopreservación de esperma (congelación de semen). Este proceso suele seguir estos pasos:

  • Consulta preventiva de fertilidad: Un especialista evalúa la salud y movilidad de tus espermatozoides antes de que cualquier tratamiento afecte tu cuerpo.

  • Recolección de las muestras: Se te pedirá aportar dos o tres muestras en días distintos para asegurar una cantidad abundante y óptima.

  • Almacenamiento seguro a largo plazo: El laboratorio congela el semen en nitrógeno líquido, manteniéndolo intacto por décadas hasta que decidas utilizarlo en tratamientos como la fecundación in vitro.


Muchas enfermedades urológicas pueden tratarse con éxito cuando se identifican de manera oportuna. Como Dr. Abraham López Venegas, mi compromiso es ofrecer una atención médica basada en evidencia, tecnología moderna y un enfoque centrado en el paciente. Si buscas una valoración especializada, una segunda opinión o información sobre opciones de tratamiento, estaré encantado de ayudarte. Inicia una conversación por WhatsApp y recibe orientación personalizada sobre tu situación.



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