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Láser prostático: cuándo puede ser la mejor opción

Foto del escritor: Abraham López Venegas
Abraham López Venegas
hace 2 días
6 min de lectura

Levantarse varias veces por la noche, tardar en empezar a orinar o sentir que la vejiga no termina de vaciarse puede acabar condicionando el descanso, los viajes y la rutina. El láser prostático es una alternativa quirúrgica para hombres con crecimiento benigno de próstata que buscan aliviar estos síntomas cuando los medicamentos ya no son suficientes o no son una buena opción.

Ilustración médica de próstata tratada con láser verde conectado a una máquina, sobre fondo azul con silueta humana.

No se trata de operar por tener una próstata grande en una ecografía. La decisión depende de los síntomas, el grado de obstrucción, el estado de la vejiga, los antecedentes médicos y las expectativas de cada paciente. La tecnología importa, pero el diagnóstico preciso y la experiencia quirúrgica son los que permiten elegir la técnica adecuada.

Qué problema trata el láser prostático

La hiperplasia prostática benigna es el crecimiento no canceroso de la próstata, una glándula situada bajo la vejiga y alrededor de la uretra. Con los años, el tejido prostático puede estrechar ese conducto y dificultar la salida de la orina.

Los síntomas no siempre guardan una relación exacta con el tamaño de la próstata. Un hombre con una próstata moderadamente aumentada puede tener una obstrucción importante, mientras que otro con una próstata mayor puede mantener un flujo aceptable. Por eso, el tratamiento debe plantearse tras una valoración urológica completa, no solo a partir de una cifra o de una imagen.

Las molestias más habituales incluyen chorro débil, necesidad de hacer fuerza para orinar, interrupciones durante la micción, goteo al terminar, urgencia para llegar al baño y despertares nocturnos. En fases más avanzadas pueden aparecer retención urinaria, infecciones de repetición, sangre en la orina, cálculos vesicales o deterioro de la función renal. Estas situaciones requieren atención especializada sin demoras innecesarias.

También es importante aclarar una duda frecuente: la cirugía con láser para próstata está diseñada para tratar la obstrucción causada por hiperplasia benigna. No es un tratamiento para el cáncer de próstata. Cuando existen alteraciones del PSA, exploraciones sospechosas o antecedentes relevantes, primero hay que estudiar adecuadamente su causa.

 

Parte 1: El Dr. Abraham Alberto López Venegas nos explica cuándo el crecimiento de la próstata requiere tratamiento y qué síntomas tienen los pacientes y que estudios se pueden realizar en consulta para determinar si el paciente es candidato a recibir medicamentos para la próstata.


Cuándo conviene valorar una cirugía con láser

Los fármacos pueden mejorar los síntomas de muchos pacientes. Algunos relajan la próstata y el cuello de la vejiga; otros reducen de forma progresiva el volumen prostático. Sin embargo, no siempre logran un alivio suficiente y, en determinados casos, pueden producir efectos secundarios que el paciente no desea mantener.

Una intervención puede considerarse cuando persisten síntomas que afectan de forma clara a la calidad de vida, cuando la medicación no funciona o no se tolera, o si ya han aparecido complicaciones de la obstrucción. También es una opción que se estudia con especial interés en próstatas de gran tamaño y en hombres que desean una solución con baja probabilidad de necesitar un nuevo procedimiento a medio o largo plazo.

Antes de indicar cirugía, el urólogo puede solicitar análisis de orina y sangre, valoración del PSA cuando corresponda, ecografía, medición del residuo tras orinar y estudio del flujo urinario. En algunos pacientes se necesitan pruebas adicionales para distinguir una obstrucción prostática de un problema de contracción de la vejiga. Esta diferencia cambia por completo las expectativas de resultado.

 

Parte 2: El Dr. Abraham Alberto López Venegas aborda cuando los medicamentos dejan de ser suficientes para controlar a un paciente con problemas de próstata, cuáles son los pasos a seguir y las ventajas de las nuevos tratamiento con láser para la próstata HoLEP y los temores más frecuentes ante una cirugía prostática


Cómo funciona la cirugía láser de próstata

La cirugía se realiza por vía endoscópica: el cirujano accede a través de la uretra, sin incisiones en el abdomen. Mediante una cámara se visualiza la zona que obstruye el paso de la orina y se emplea energía láser para separar o vaporizar el tejido prostático responsable del bloqueo.

En las técnicas de enucleación, el objetivo no es simplemente abrir un pequeño canal. Se retira de forma anatómica el adenoma, es decir, la parte interna de la próstata que ha crecido y comprime la uretra, preservando la cápsula externa. Después, ese tejido se fragmenta dentro de la vejiga para poder extraerlo. Esta estrategia permite tratar próstatas de distintos tamaños con un planteamiento resolutivo.

HoLEP, ThuFLEP y MiLEP: qué diferencias hay

La HoLEP utiliza láser de holmio para realizar la enucleación prostática. Es una técnica con amplia experiencia clínica y especialmente útil para próstatas grandes, aunque su indicación no depende únicamente del volumen. Ofrece un control preciso del tejido y de los pequeños vasos sanguíneos durante la intervención.

La ThuFLEP emplea láser de tulio para la enucleación. En algunas unidades también se habla de MiLEP, un concepto que engloba técnicas de enucleación mínimamente invasivas con diferentes fuentes de energía. Las variantes de tracto reducido buscan disminuir el calibre de los instrumentos utilizados cuando la anatomía y la indicación lo permiten.

No existe un “mejor láser” válido para todos los hombres. La elección entre HoLEP, ThuFLEP/MiLEP u otras técnicas depende de la anatomía prostática, el tamaño de la glándula, el riesgo de sangrado, el uso de anticoagulantes, las cirugías previas y la experiencia real del equipo con cada procedimiento. Una conversación honesta debe centrarse en el resultado esperado, no solo en el nombre de la tecnología.

Beneficios y límites que conviene conocer

El principal objetivo de una enucleación láser es mejorar la salida de la orina y reducir la sensación de vaciado incompleto. Muchos pacientes notan un chorro más fuerte y menos esfuerzo al orinar tras la recuperación. Al retirar el tejido obstructivo de manera amplia, estas técnicas pueden ofrecer resultados duraderos.

Al tratarse de un procedimiento endoscópico, suele asociarse a menor sangrado que algunas cirugías abiertas tradicionales y puede facilitar una recuperación más ágil. Aun así, “mínimamente invasivo” no significa ausencia de cuidados ni resultados inmediatos para todos. La inflamación transitoria tras la cirugía puede causar escozor, urgencia urinaria o presencia leve de sangre en la orina durante los primeros días o semanas.

También hay riesgos que deben explicarse con claridad. Puede producirse infección, sangrado, estrechamiento de la uretra, necesidad temporal de sonda o, con menor frecuencia, dificultad persistente para controlar la orina. El riesgo concreto varía según la situación de partida, la técnica y las condiciones de salud del paciente.

La eyaculación retrógrada es uno de los cambios más frecuentes tras una cirugía desobstructiva de próstata. Durante el orgasmo, el semen puede dirigirse hacia la vejiga en lugar de salir al exterior. No suele afectar a la sensación orgásmica ni implica un problema de salud, pero sí modifica la fertilidad y debe hablarse antes de operar. La función eréctil, por su parte, habitualmente se preserva, aunque puede verse influida por la edad, la función previa, enfermedades vasculares, diabetes y otros factores independientes de la técnica.

Recuperación: qué esperar después del procedimiento

Tras la intervención se deja habitualmente una sonda vesical durante un periodo corto. El tiempo de ingreso y retirada de la sonda depende de la evolución, del tamaño prostático, del sangrado y de los antecedentes de cada persona. Algunos hombres vuelven a casa al día siguiente; otros necesitan una observación algo mayor.

Durante la recuperación se recomienda beber la cantidad de agua indicada por el equipo médico, evitar esfuerzos físicos intensos y no realizar actividades que aumenten el sangrado mientras se completa la cicatrización. El retorno al trabajo depende del tipo de actividad y de cómo se encuentre el paciente. Las tareas sedentarias suelen permitir una vuelta antes que los trabajos físicamente exigentes.

Es normal que la mejoría sea progresiva. La vejiga puede haber trabajado durante años contra una obstrucción y necesita tiempo para adaptarse al nuevo flujo. Un seguimiento estructurado permite vigilar la evolución, ajustar medidas si hay irritación urinaria y detectar a tiempo cualquier incidencia.

La valoración previa marca la diferencia

Elegir una cirugía de próstata no debe basarse en publicidad, miedo a los síntomas ni en una recomendación genérica. Una valoración especializada permite confirmar si la obstrucción procede realmente de la próstata, descartar causas que requieren otro abordaje y decidir si el láser ofrece una ventaja concreta en ese caso.

En UM Grupo Médico, el enfoque parte de entender cómo afectan los síntomas a la vida diaria y de explicar las opciones con expectativas realistas. Si tiene dificultad para orinar, retenciones, infecciones repetidas o una indicación previa de cirugía prostática, una consulta urológica puede ayudarle a resolver dudas y decidir el siguiente paso con seguridad.

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