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Cuándo la cirugía abierta sigue siendo buena para HPB

Foto del escritor: Abraham López Venegas
Abraham López Venegas
hace 47 minutos
6 min de lectura
Modelo de vejiga y próstata junto a una cinta de sastre y tarjetas de enucleación endoscópica y cirugía abierta, analogía de elegir la técnica a medida.
La técnica se elige para tu caso; no solo por el tamaño de la próstata.

Escrito por Dr. Abraham López Venegas, especialista en urología (UNAM) y experto en cirugía de enucleación prostática con láser. Cédula de especialidad: 12366905.

Durante años, la pregunta no fue si operar una próstata grande, sino cómo hacerlo con la menor carga posible para el paciente. Hoy existen técnicas láser muy eficaces y menos invasivas, pero entender en qué casos la cirugía abierta aún es una buena alternativa para tratar HPB sigue siendo relevante. No porque sea la primera opción en todos los pacientes, sino porque hay escenarios concretos donde puede seguir teniendo sentido.

La hiperplasia prostática benigna, o HPB, es el crecimiento no canceroso de la próstata que suele aparecer con la edad. Ese aumento de tamaño puede dificultar la salida de la orina y provocar síntomas como chorro débil, tardar en empezar a orinar, sensación de vaciado incompleto, levantarse varias veces por la noche, urgencia urinaria o incluso retención urinaria. Cuando los medicamentos ya no controlan bien el problema, o cuando aparecen complicaciones, se valora tratamiento quirúrgico.

En la práctica actual, muchas veces se priorizan técnicas endoscópicas y láser, como la enucleación prostática con HoLEP o ThuFLEP/MiLEP, porque permiten resolver próstatas grandes sin abrir el abdomen, con menos sangrado y recuperación más rápida. Aun así, decir que la cirugía abierta está completamente obsoleta sería una simplificación. La elección no depende solo de la moda tecnológica, sino del tamaño prostático, la anatomía, los antecedentes del paciente, los recursos disponibles y, sobre todo, del criterio del urólogo.

En qué casos la cirugía abierta aún es una buena alternativa para tratar HPB

La cirugía abierta para HPB suele referirse a una adenomectomía simple, en la que se retira el tejido prostático que obstruye la salida de la orina. No es una prostatectomía radical para cáncer, y esa diferencia conviene dejarla clara porque muchos pacientes las confunden.

Su papel actual es más selectivo, pero todavía puede considerarse cuando la próstata es muy grande, especialmente en volúmenes altos donde se busca retirar una gran cantidad de tejido obstructivo de forma completa. También puede ser una alternativa si el paciente tiene un problema vesical asociado que conviene resolver en el mismo acto quirúrgico, como ciertos cálculos vesicales grandes o divertículos de vejiga que requieren corrección abierta.

Otro escenario es cuando no se dispone de tecnología endoscópica avanzada o del entrenamiento específico necesario para técnicas de enucleación láser. Esto no significa que la cirugía abierta sea mejor por definición, pero sí que, en manos experimentadas y con una indicación bien seleccionada, puede ofrecer una resolución efectiva. En cirugía prostática, la experiencia real del equipo tratante pesa tanto como el nombre de la técnica.

También hay pacientes con anatomías complejas, cirugías previas o condiciones particulares en las que una vía abierta puede resultar más razonable que insistir en un abordaje mínimamente invasivo que no ofrecerá el mismo control o la misma seguridad. No es lo más frecuente, pero ocurre.

Cuándo suele dejar de ser la primera opción

El hecho de que siga teniendo un lugar no significa que deba proponerse de entrada en la mayoría de los casos. Hoy, cuando existe acceso a cirugía endoscópica avanzada, muchas próstatas grandes pueden tratarse con láser mediante enucleación, logrando una desobstrucción amplia con menor sangrado, menos tiempo de sonda y recuperación más ágil.

Para muchos pacientes, esa diferencia importa mucho. No solo por la estancia hospitalaria, sino porque reduce el impacto en la rutina diaria y suele facilitar el periodo postoperatorio. Por eso, cuando un hombre acude a valoración con diagnóstico de HPB y una próstata voluminosa, la pregunta útil ya no es solamente “¿hay que operar?”, sino “¿qué técnica ofrece mejor equilibrio entre eficacia, seguridad y recuperación en mi caso?”.

Ventajas reales de la cirugía abierta en pacientes seleccionados

La principal fortaleza de la cirugía abierta es que permite retirar una gran cantidad de adenoma prostático de manera directa. En próstatas muy grandes, esto puede traducirse en una mejoría urinaria importante y duradera. Cuando además hay patología vesical que necesita corrección en el mismo procedimiento, su utilidad puede ser clara.

Otra ventaja, menos comentada pero real, es que se trata de una técnica conocida desde hace décadas y con resultados históricos bien documentados. En centros o entornos donde no hay disponibilidad de láser o donde no existe experiencia sólida en enucleación endoscópica, una cirugía abierta bien hecha puede ser preferible a una técnica menos adecuada o incompleta.

Eso sí, esta ventaja tiene matices. Que una técnica sea efectiva no la convierte automáticamente en la mejor para todos. En medicina, resolver el problema es importante, pero también lo es cómo se resuelve y qué coste tiene para el paciente en sangrado, dolor, recuperación y riesgo de complicaciones.

Limitaciones y desventajas que conviene valorar con honestidad

La cirugía abierta suele asociarse a una recuperación más lenta que los procedimientos mínimamente invasivos. Generalmente implica una incisión, más manipulación de tejidos, mayor posibilidad de sangrado, necesidad de hospitalización y un tiempo de sonda urinaria que puede ser más largo.

Además, como en cualquier cirugía mayor, pueden existir riesgos anestésicos, infección, necesidad de transfusión, estenosis, sangrado postoperatorio o persistencia de ciertos síntomas irritativos mientras la vejiga se recupera. Muchos pacientes mejoran de forma importante, pero el camino hasta esa mejoría suele ser menos ligero que con técnicas endoscópicas modernas.

Otro punto que debe explicarse bien es que la mejoría del flujo urinario no depende solo de quitar tejido prostático. Si la vejiga lleva años trabajando contra una obstrucción, puede haber pérdida de fuerza contráctil. En esos casos, incluso una cirugía técnicamente correcta no siempre produce el resultado ideal que el paciente imagina. Por eso la valoración preoperatoria debe ser cuidadosa y realista.

Anatomía y metáforas de una puerta, un fuelle y una orquesta explican la salida, la fuerza de la vejiga y la coordinación nerviosa.
Abrir la salida es importante; la vejiga también necesita fuerza y coordinación.

Cirugía abierta frente a láser para HPB

Cuando se compara cirugía abierta con láser, el debate no debería plantearse como una competencia absoluta entre “técnica vieja” y “técnica nueva”. Lo relevante es qué necesita ese paciente concreto. La enucleación con HoLEP o ThuFLEP/MiLEP permite tratar próstatas grandes a través de la uretra, sin incisión abdominal, con excelente capacidad de desobstrucción. En manos entrenadas, puede ofrecer resultados funcionales comparables a la cirugía abierta, pero con ventajas en sangrado, estancia y recuperación.

Por eso, en un paciente con HPB sintomática, próstata de gran tamaño y acceso a un equipo con experiencia en enucleación láser, con frecuencia esa opción será prioritaria. Sin embargo, si además hay una condición asociada que requiere cirugía abierta, si la anatomía dificulta el abordaje endoscópico o si el contexto clínico lo justifica, la cirugía abierta puede seguir siendo razonable.

La clave está en no decidir solo por el tamaño prostático ni por preferencia personal del paciente sin una explicación completa. Dos hombres con próstatas similares pueden necesitar decisiones distintas según su edad, anticoagulantes, estado de la vejiga, cirugías previas, comorbilidades y objetivos de recuperación.

Qué señales hacen pensar que ya se necesita una valoración quirúrgica

Muchos pacientes retrasan la consulta porque asumen que orinar mal “es normal por la edad”. No lo es. Cuando los síntomas empiezan a alterar el descanso, el trabajo, los viajes o la vida cotidiana, ya hay una razón válida para buscar una evaluación. Y si además hay retención urinaria, infecciones repetidas, sangre en la orina, daño en la vejiga, piedras en la vejiga o deterioro de la función renal relacionado con la obstrucción, la necesidad de tratamiento se vuelve más clara.

En ese momento, la conversación no debería limitarse a “medicinas o cirugía”. También hay que revisar el tamaño de la próstata, cuánto residuo queda después de orinar, cómo está la vejiga y qué técnica encaja mejor con el caso. Elegir bien desde el principio reduce incertidumbre y evita tratamientos insuficientes.

Tablero de pistas clínicas con antecedentes, residuo tras orinar, análisis y pruebas dirigidas para estudiar el vaciado urinario.
La valoración reúne las pistas para elegir el tratamiento adecuado.

La decisión correcta no es la más llamativa, sino la más adecuada

En urología actual, lo mínimamente invasivo suele ofrecer ventajas claras, y por eso ocupa un lugar central. Pero todavía hay pacientes en los que la cirugía abierta conserva valor. No por tradición, sino por indicación precisa. Presentarla como una opción universal sería incorrecto, y descartarla sin matices también.

Lo más prudente es que la decisión se tome después de una valoración completa por un urólogo con experiencia en diferentes técnicas, no solo en una. Cuando el especialista puede explicar con claridad qué se gana y qué se sacrifica con cada opción, el paciente deja de moverse por miedo o por confusión y empieza a decidir con información útil.

Mi experiencia se centra en la enucleación prostática con láser, pero mi recomendación empieza por tu caso, no por el nombre de una técnica. Si te han propuesto cirugía abierta, revisaremos qué la justifica y si existe una alternativa endoscópica adecuada para ti. Quiero que llegues a esa decisión con un plan claro.

Saludos a todos, a cuidarse bien y a portarse mal.

Si hay diagnóstico de HPB, síntomas que ya afectan la calidad de vida o una indicación previa de cirugía, una valoración especializada puede aclarar si conviene un tratamiento láser, una alternativa endoscópica o, en casos seleccionados, una cirugía abierta. En UM Grupo Médico, ese análisis se realiza con enfoque resolutivo, explicaciones claras y tiempo para responder dudas importantes antes de tomar una decisión.

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