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Litiasis urinaria: tratamiento con láser

  • Foto del escritor: Abraham López Venegas
    Abraham López Venegas
  • 12 may
  • 6 min de lectura

Un cólico renal no se parece a casi ningún otro dolor. Suele empezar de forma brusca, puede irradiarse hacia la ingle, acompañarse de náuseas, sangre en la orina o urgencia para orinar, y muchas veces obliga a acudir a urgencias. En ese contexto, hablar de litiasis urinaria tratamiento con láser no es hablar de tecnología por moda, sino de una opción precisa, mínimamente invasiva y muy útil cuando una piedra no va a salir sola o ya está causando complicaciones.

La litiasis urinaria aparece cuando se forman cálculos en el riñón, el uréter o la vejiga. Algunas piedras son pequeñas y pueden expulsarse con hidratación, analgésicos y vigilancia médica. Otras se atascan, producen infecciones, obstrucción o dolor persistente, y ahí el tratamiento cambia. La decisión no depende solo del tamaño del cálculo. También importa su localización, su dureza, la anatomía del paciente, si hay fiebre, si existe deterioro de la función renal y cuánto tiempo lleva dando problemas.

Riñones con cálculos junto a equipo láser en fondo azul. Detalle de láser desintegrando cálculos. Gafas protectoras incluidas.

Cuándo se recomienda el tratamiento con láser en la litiasis urinaria

No toda litiasis urinaria necesita cirugía. De hecho, uno de los errores más frecuentes es pensar que cualquier piedra debe operarse de inmediato o, al contrario, confiar en que todas se expulsarán por sí solas. La realidad está en el punto intermedio.

El tratamiento con láser suele indicarse cuando el cálculo causa dolor repetido o intenso, cuando bloquea la salida de orina, cuando se asocia a infección, cuando hay hematuria persistente o cuando por tamaño y posición es poco probable que se expulse de forma espontánea. También se valora en pacientes con episodios recurrentes, profesiones en las que un cólico inesperado supone un riesgo, o cuando se busca una resolución más rápida y controlada.

En cálculos ureterales, sobre todo si están impactados, la ureteroscopia con láser suele ofrecer una alta tasa de resolución. En piedras renales, la estrategia puede variar según la carga litiásica. Hay casos en los que el abordaje endoscópico con láser es ideal, y otros en los que conviene combinarlo con técnicas percutáneas. Por eso una valoración urológica completa es clave antes de decidir.

En qué consiste la cirugía láser para cálculos urinarios

Cuando hablamos de litiasis urinaria tratamiento con láser, normalmente nos referimos a un procedimiento endoscópico. Eso significa que no se hacen incisiones externas para llegar al cálculo. El acceso se realiza a través de la uretra, entrando con instrumentos finos hasta la vejiga, el uréter o el riñón, según dónde esté la piedra.

Una vez localizado el cálculo, se utiliza una fibra láser para fragmentarlo. El objetivo puede ser romper la piedra en fragmentos que se extraen durante el procedimiento o pulverizarla en partículas muy pequeñas para facilitar su eliminación posterior. La elección depende del tipo de cálculo, del tamaño, del instrumental utilizado y de la estrategia del cirujano.

Esta precisión es una de las grandes ventajas del láser. Permite actuar directamente sobre la piedra con muy buen control visual y con menor agresión para los tejidos circundantes. En manos experimentadas, es una técnica que combina eficacia con recuperación rápida, algo especialmente valioso en pacientes que quieren resolver el problema sin pasar por una cirugía abierta.

Ureteroscopia semirrígida y flexible

Si el cálculo está en el uréter, con frecuencia se usa ureteroscopia semirrígida. Si está más arriba, dentro del riñón o en zonas de difícil acceso, suele preferirse ureteroscopia flexible. Ambas técnicas permiten introducir la energía láser exactamente donde hace falta.

La diferencia no es un detalle técnico menor. Marca qué cálculos son tratables por una vía u otra y ayuda a planificar con más precisión el procedimiento. Para el paciente, lo importante es entender que el abordaje se adapta al caso, no al revés.

¿Siempre se deja un catéter doble J?

No siempre, pero en muchos casos sí. El catéter doble J se coloca temporalmente para facilitar el drenaje de la orina, reducir el riesgo de obstrucción por inflamación o pequeños fragmentos y favorecer una recuperación segura. A veces puede producir escozor, urgencia urinaria o ligera molestia lumbar, pero suele retirarse en un plazo corto y bien definido.

Ventajas reales del tratamiento con láser

La principal ventaja del láser no es solo que evita incisiones. Lo más relevante es que permite tratar muchos cálculos con gran precisión y con una recuperación generalmente más rápida que la de técnicas más invasivas.

En la práctica, esto se traduce en menos agresión quirúrgica, menor sangrado, estancia hospitalaria corta en muchos casos y reincorporación más temprana a la actividad habitual. Además, al tratarse de un procedimiento endoscópico, el cirujano puede visualizar directamente la vía urinaria y resolver el problema con un control muy alto del campo quirúrgico.

Ahora bien, conviene ser honestos: láser no significa magia ni garantiza que todos los casos se resuelvan en una sola sesión. En piedras muy grandes, múltiples o complejas, puede ser necesario planificar más de un tiempo quirúrgico o valorar otras técnicas. También puede haber fragmentos residuales, sobre todo si la carga de piedra es alta. El buen resultado depende de la selección del caso, la tecnología disponible y la experiencia del equipo.

Qué pruebas se hacen antes de la cirugía

Antes de programar el procedimiento, lo habitual es solicitar estudios de imagen y análisis. La tomografía suele ser especialmente útil porque permite conocer con detalle el tamaño, la densidad y la localización del cálculo. También ayuda a anticipar la dificultad técnica.

Además, se revisan análisis de sangre y orina, y es fundamental descartar infección activa. Si hay bacterias en la orina, en muchos casos primero se trata la infección y luego se realiza la cirugía. Operar un sistema urinario infectado sin control previo aumenta riesgos y no es una buena práctica.

Aquí es donde un protocolo claro marca diferencia. Cuando el paciente sabe qué estudios necesita, cómo prepararse y qué esperar después, la experiencia es mucho menos estresante y el proceso avanza con más seguridad.

Recuperación tras el tratamiento con láser

La recuperación suele ser más llevadera de lo que muchos pacientes imaginan. Es habitual notar escozor al orinar, cierta urgencia urinaria, pequeñas trazas de sangre en la orina o molestia lumbar leve durante los primeros días. Si se ha colocado un doble J, esas sensaciones pueden ser algo más intensas pero temporales.

Lo importante es distinguir entre molestias esperables y señales de alarma. Debe avisarse al urólogo si aparece fiebre, dolor que no cede con medicación, incapacidad para orinar, sangrado abundante con coágulos o vómitos persistentes. Esos datos requieren valoración rápida.

La vuelta al trabajo depende del tipo de procedimiento, del tamaño del cálculo y de la actividad laboral. En muchos pacientes es cuestión de pocos días. En otros, especialmente si hubo manipulación más compleja o se deja catéter, conviene dar algo más de margen. No hay una única regla, y prometer lo mismo a todos sería poco serio.

Qué pasa después de quitar la piedra

Resolver el cálculo es solo una parte del tratamiento. La otra parte es intentar que no vuelva. La litiasis urinaria tiene una tasa de recurrencia relevante, y por eso conviene estudiar la causa cuando el caso lo justifica.

Analizar la composición del cálculo, revisar hábitos de hidratación, dieta, consumo de sal, proteínas animales o bebidas azucaradas, y valorar alteraciones metabólicas puede cambiar mucho el pronóstico a medio plazo. No todos los pacientes necesitan el mismo estudio, pero ignorar la prevención suele llevar al mismo problema una y otra vez.

En consulta, esta fase es tan importante como la cirugía. Un paciente bien tratado no solo sale sin la piedra actual. Sale con un plan para reducir la siguiente.

Dudas frecuentes sobre litiasis urinaria y láser

Una pregunta habitual es si el procedimiento duele. Durante la cirugía no, porque se realiza con anestesia. Después puede haber molestias controlables con medicación, pero en general no se parecen al dolor de un cólico activo.

Otra duda frecuente es si el láser daña el riñón o el uréter. Utilizado correctamente y con experiencia, es una herramienta segura. Como en cualquier cirugía, existen riesgos, pero precisamente su uso endoscópico busca tratar la piedra con la menor agresión posible.

También se pregunta mucho si una piedra puede volver a formarse. La respuesta es sí, puede ocurrir. Por eso el seguimiento y las medidas preventivas importan tanto.

En UM Grupo Médico trabajamos este problema con una visión práctica y mínimamente invasiva: diagnóstico claro, indicación precisa y seguimiento cercano para que el paciente sepa en qué punto está antes y después del procedimiento.

Si tienes dolor tipo cólico, infecciones urinarias repetidas, sangre en la orina o ya sabes que tienes un cálculo que no se ha resuelto, lo más útil es valorarlo a tiempo. Tratar una piedra antes de que complique el riñón casi siempre da más margen, más opciones y una recuperación más sencilla. Si necesitas orientación, agenda una cita y revisa tu caso con un urólogo con experiencia en cirugía endoscópica y láser.

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